sábado, 12 de marzo de 2011

Sobrepasando límites

Amamos el fútbol. Nos gusta todo lo relacionado con él, desde partidos épicos con gran cantidad de goles hasta encuentros cerrados en los que la táctica predomina sobre el juego alegre y vistoso. Hay pocas cosas más emocionantes que ver una grada entera puesta en pie cantando y animando a su equipo. Porque, aunque a algunos les cueste reconocerlo, esto sigue siendo un deporte, un espectáculo, un entretenimiento que permite a las personas dejar a un lado las frustraciones de su vida diaria durante un par de horas a la semana. El problema llega cuando esas frustraciones se vuelcan en el fútbol y sus protagonistas...

Desde el replay de Scottish Cup entre Celtic y Rangers prácticamente no se habla de fútbol en Escocia. Tras uno de los derbys más calientes y con menos juego de la temporada poco se ha hablado de la victoria del Celtic (1-0), ni siquiera de las tres expulsiones del Rangers. En un principio, lo más comentado después del partido fue el encontronazo entre Neil Lennon y Ally McCoist, presente y futuro entrenador de Celtic y Rangers, respectivamente. También se comentaron los gritos racistas que una parte de la afición del Rangers profirió a los hinchas del Celtic tras la expulsión de Whittaker. Sin embargo, todo esto quedó en un segundo plano cuando se conocieron las amenazas de muerte que tanto Neil Lennon como su familia han recibido en los últimos días. Amenazas que les han obligado a tener que disponer de vigilancia 24h y a ir escoltados para realizar sus actividades cotidianas.



Deben existir pocas cosas más despreciables que amenazar de muerte a alguien, y más aún si la amenaza tiene como fundamento una cuestión deportiva. Tanto es así que Neil Lennon está pensando seriamente abandonar el Celtic al final de la presente temporada. Tiene que ser durísimo para un padre entrenador de fútbol ver cómo sus hijos tienen que esperar la llegada de los escoltas para ir al colegio o tener que estar vigilados hasta para salir a jugar. Ofertas no le van a faltar a Lennon, aunque también tengo claro que, conociendo el carácter del norirlandés, tiene que resultarle difícil dejar a un lado el sueño de volver a hacer grandes a los Bhoys por cuestiones extradeportivas. John Reid, presidente del Celtic, mencionaba esta semana a Jock Stein, el mito de la Copa de Europa del 67, para hacer que Lennon dejara a un lado las dudas sobre su continuidad y animarle a seguir al frente del banquillo de Parkhead. Confío en que Lennon siga para demostrar que el fútbol sigue estando por encima de todo esto, aunque es cierto que se ha sobrepasado un límite muy grande y que hace falta una reflexión generalizada para volver a recuperar la buena dirección. Porque, pese a todo, esto sigue siendo un deporte.


miércoles, 23 de febrero de 2011

Un mito para capear el temporal

Poco tiempo ha pasado desde el último Old Firm. Demasiado poco tiempo para que un aficionado del Rangers olvide el 3-0 que le infrigió un Celtic que jugó a ser Blue para imponerse en el tercer derby de la temporada en la SPL. El partido confirma que el fin de ciclo del Rangers de Walter Smith está cada día más cerca, y no precisamente por el mal trabajo del ex seleccionador escocés. Tres dobletes consecutivos en las tres primeras temporadas de su segundo acto en el banquillo de Ibrox lo atestiguan. No, no ha sido (solo) culpa de Smith que el Celtic le haya comido la tostada a los Gers. La mala gestión económica del Rangers en las últimas temporadas le ha impedido reforzar un XI de calidad pero insuficiente para hacer frente a cuatro competiciones. Este verano, después de una temporada sin fichajes, llegaron al club James Beattie (fracaso total y que ya ha salido del club rumbo al Blackpool), Vladimir Weiss (cedido por el Manchester City) y el fichaje estrella, el delantero bosnio-croata Nikica Jelavic, por el que se pagaron unos 4 millones de libras. Mientras, el Celtic seguía la reforma de su plantilla y se hacía (a golpe de talonario) con los fichajes de jóvenes y prometedores jugadores como Gary Hooper y Emilio Izaguirre. En invierno, cuando los Bhoys se acercaban en la tabla y ganaban en confianza partido a partido, el Rangers perdió al pichichi Kenny Miller por unas 300.000 libras. Un precio similar pagó el Celtic por Kris Commons. He ahí la diferencia actual entre los dos grandes clubes de Escocia.



Era por todos conocido que Walter Smith dejaría el puesto de entrenador al final de la presente temporada (habría abandonado el pasado año de no ser por su compromiso de seguir al lado del club en esta difícil situación). No era menos conocido para los seguidores del fútbol escocés que, en estas circunstancias, su sustituto natural sería alguien próximo. Muy próximo, diría yo. Y así ha sido. El 22 de febrero se hacía oficial un secreto a voces: Ally McCoist se hará cargo del banquillo del Rangers a partir de la próxima temporada y  se convertirá en el decimotercer entrenador de la historia del club. Qué mejor, pensaran los aficionados Gers, que una leyenda, un hombre que marcó época en Ibrox para capitanear la nave en un momento tan difícil, con un Celtic en franco desarrollo y con poco dinero para acercarse a sus rivales y vecinos. Una época en la que tocará mirar menos al mercado y mucho más a Govan. Por eso creo que esta es la mejor opción posible para el banquillo. No es lo mismo para los jóvenes llamados a hacerse con los mandos del equipo que el hombre que les presione, les grite y les anime sea un completo desconocido o uno de sus ídolos de la infancia (355 goles en 15 años de servicio a la causa le avalan). Solo con que Super Ally les transmita su pasión y les haga dejarse la piel en el campo como él hacía en cada partido se evitará que esta habitual "liga de dos" se convierta en un monólogo Hoop en los próximos años.